Un año más nos ha hecho soñar la 16ª edición de Sonar, uno de los festivales más importantes del mundo repleto de anécdotas, curiosidades y como no, música, mucha música. La edición del cataclismo económico se ha llevado por delante a 74mil personas (¿Donde esta la crisis?), unas pocas menos que el año pasado, 80mil, pero con un valor añadido, con 5mil visitantes en el Sonar Kids se asegura un futuro muy prometedor ya que este nuevo formato dedicado a los padres que fueron a las primeras ediciones y a sus hijos creará cantera para los futuros asistentes al festival. ¿Quien habló de crisis? Sin duda alguna la enorme magnitud del festival impide que se puedan cubrir todas las áreas del festival, si es que no estas acreditado y pasas sin dormir tres días y dos noches, por lo cual hay que llegar con una idea de lo que se quiere ver, escuchar y disfrutar.

Como ya se podía apreciar en anteriores ediciones, el apartado Sonorama que habitualmente se podía disfrutar en el Centre d'Art Santa Mónica, cesó su actividad habitual de los últimos años, donde arte multimedia, instalaciones sonoras y otras obras sonoras menos convencionales solían atraer al público más minoritario del e
vento. Este fue derivado a otros espacios del escenario de día en el CCCB, además en esta edición, de la colaboración con los centros de investigación sonora como Niu, Hangar y la el Music Technology Group de la Pompeu Fabra donde se realizaron talleres y demostraciones sobre las nuevas herramientas de producción sonora que se realizan en la ciudad condal.

Siendo este mi área habitual de interés, este año opté por el Sonar de día,viernes y sábado. Mark Jones de Wall of Sounds introdujo la velada repasando las joyas del sello que el mismo dirige. De la tranquilidad del Village, directo al Dôme donde nos esperaría la primera sorpresa, Bomb squad, batería de Public Enemy que deleitó a los presentes con una selección de vinilos donde los bajos eran la nota dominante. Dub y dubstep de alto voltaje rompió más de un tímpano entre los presentes. Por si no hubiera bastante, de nuevo en el Village, Bass Clef mostró la electrónica más interesante. Cargado de bases dubstep más alegres de lo que nos tienen acostumbrados sus colegas anglosajones y con la peculiaridad de llevarse un trombón, silbatos y pequeños theremines al directo mostró que este sonido no solo es una fórmula de tugurio ingles. Para terminar disfrutamos del toque exótico del año. Omar Souleyman nos demostró que la fórmula, bien conocida en este país por grupos como Camela, pero con influencias del folklore sirio puede hacer bailar a incrédulos y fanáticos del sonar. Gallifante para la organización!
Segunda jornada, segunda gamberrada. Txarly Brown (Carles Closa) fue el encargado de mostrar al público que la rumba se adapta a la perfección a los tiempos que corren, no solo por el echo de que este realizado en casa iba a ser menos atractivo que el invitado sirio. Segundo gallifante para la organización. Cardopusher nos puso las pilas de nuevo en clave dubstep, para gozo y disfrute de un servidor. Como plato final en el Hall sufrimos del empacho que supone ver a lo más granado de la electrónica experimental, como no acuñada por tres alemanes fornidos en esto de las artes electrónicas,
Entre ir y venir se podía ver la última exposición de Mecanics donde había vinilos con cinco agujas, una pelota de fútbol que generaba audio, robots/instrumentos musicales que tocan música clásica, las nuevas aplicaciones desarrolladas para el Reactable además de la feria para profesionales donde se podía tocar(?!) el theremin Etherwave de Moog, probamos el nuevo controlador de Akai APC40 para Ableton y descubrimos a los alemanes Vinylrecorder.com que promocionaban un planchador de vinilos recogiendo muestras sonoras entre los asistentes y grabandolos en directo. Como no, un avispado servidor se llevo como recuerdo su primer vinilo de producción propia.. tercer gallifante para la organización!




